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Blog de Gilda Santana

CUARTO MILENIO: UNA EXPOSICIÓN NO VISTA, UN TRATO DEPLORABLE

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Vaya por delante que me gusta Cuarto Milenio. Así, sin más explicaciones. Y me gustan Iker y la mayoría de sus colaboradores, aunque siento especial debilidad por Paloma Navarrete (a quien no conozco de nada) y por Javi Pérez Campos, con quien compartí firma de libros en la Feria del Libro de Madrid y a quien sigo encontrándome en Twitter, sobre todo los domingos a medianoche, cuando tantos seguidores del programa nos damos cita para comentarlo en las RRSS.

Por eso, y porque tenía en mis manos el último libro de Javi y quería que me lo firmara, ayer sábado me fui hasta la exposición de Cuarto Milenio en el Colegio de Arquitectos de Madrid.

Llevo tantos años dedicada a esto de la tele (y antes al teatro), que no me llaman mayormente la atención los elementos de atrezo. Pero a pesar de eso, quedé con mi hijo y con unos amigos y, a las 5.15 de la tarde nos pusimos en la cola, que recorría todo el inmenso patio interior del recinto, salía a la calle Hortaleza, giraba por la larguísima calle de la Farmacia, y volvía a girar por Fuencarral. A las 9.10 de la noche, cuando solo faltaban cinco minutos para redondear las CUATRO horas de cola, conseguimos, al fin, entrar. Un momento antes, en el patio, me encontré a Javi que iba saliendo para un programa de radio, conversamos un poco en lo que me llegaba mi turno de entrar, hablamos del éxito de acogida de la exposición, me firmó su libro y hasta nos hicimos una foto. Nada me hacía sospechar que estaba a punto de llevarme un inmenso disgusto.

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Nada más traspasar la puerta, se nos dijo que tendríamos solo diez minutos para ver todo. Aunque leo rapidísimo, supe, desde que vi el primer cartel, que no habría nadie en el mundo capaz de leer en diez minutos ni la décima parte de los carteles que explicaban cada instalación. Decidí, porque soy disciplinada, ir lo más rápido posible, sin leer. Una machacona voz por megafonía seguía diciendo, con un silencio de solo unos pocos segundos entre un aviso y otro, que disponíamos solo de diez minutos. Entonces resolví saltarme algunas secciones e ir directamente a las que más me interesaban, pero por más que lo intentaba no me quedaba ni con una palabra, ni con una imagen, ni con nada de nada. La megafonía nos aguijoneaba con un conteo regresivo en plan “quedan cinco minutos, por favor, abandonad la sala”, “quedan dos minutos, por favor, id saliendo”, mientras dos azafatas que parecían programadas por alguno de los entes diabólicos allí expuestos, repetían lo mismo que se nos decía por megafonía. Para hacerlo, se te encimaban hasta pegar su cuerpo al tuyo y reproducían, como si fueras sordo o tonto, el mismo discurso con que te estaban machacando desde el momento de entrar: que tenías que salir ya. Aquello, que había pasado de la categoría de exhortación a la de fustigación, era inaguantable. Un señor que venía detrás de mí empujando un cochecito donde llevaba a su pequeño, y que se había hecho un largo viaje desde Granada para ver la exposición del programa del que es fan, harto del vapuleo, dijo que no se iba, que había hecho cuatro horas de cola con su niño y quería ver todo. La respuesta de la azafata fue que ella no trabajaba allí (sic) y que saliera ya. Mientras el señor intentaba seguir viendo (estábamos ya a cinco metros de la salida), ella seguía acosándolo sin respirar argumentando que tenía que salir porque había más gente que quería entrar. Luego de unos minutos de tira y afloja entre el indignadísimo señor (a quien di la razón e hice una foto con su consentimiento para contar lo ocurrido) y la azafata, tiré la toalla, pasé de lo que me faltaba por ver (que era practicamente todo) y salí a la calle aliviada de haber escapado de aquella tortura, asqueada del trato que había recibido y sin ver prácticamente NADA de la exposición.

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Está bien hacer una exposición de un programa que tiene tantos fans como Cuarto Milenio. Está muy bien, en los tiempos que corren, hacerla de forma gratuita. Está más que bien que los colaboradores del programa hayan sacrificado su fin de semana para estar allí (aunque a la hora que me tocó entrar ya no quedara ninguna cara conocida). Sé perfectamente que la producción de Cuarto Milenio y los organizadores de la exposición no contaban con la avalancha de público. Alguien me comentó que en el Colegio de Arquitectos hicieron el esfuerzo adicional de no cerrar a la hora de la comida como estaba previsto. Y sé que lo que se proponían con limitar el tiempo, era que consiguieran entrar todos aquellos que aún esperaban fuera. Pero ¿tiene sentido entrar a una exposición que no te dejan ver? ¿No sería mucho más honesto sincerar el tema, hacer un cálculo e informar a la cola de la imposibilidad de entrar? Cuando te pones en una cola como esa, no sabes la capacidad del recinto. Si alguien te informa de que solo pueden entrar equis personas a la vez y que cada grupo solo podrá permanecer dentro equis tiempo, puedes sacar tus cuentas y tomar una decisión. Estoy segura de que tanto Iker como cualquiera de los que trabaja en Cuarto Milenio saben que es imposible ver la exposición en un tiempo tan corto ni disfrutar nada en medio de semejante fustigación y que no hubieran estado de acuerdo con lo que estaba ocurriendo allí. Pero ellos ya no estaban y a nadie de los que decidían aquello le importaba lo más mínimo que vieras algo o no o que te fueras a casa con un enfado épico. Eso sí: si lo que buscaban era dar unas cifras, lo han conseguido: decenas de miles de personas, según quien lo cuente, habrán “visto” la exposición de Cuarto Milenio. Aunque “ver” no sea, ni por asomo, la palabra aplicable a lo que allí pasaba cuando me tocó entrar. Si alguien me pidiera que definiera mi tarde-noche del sábado en dos palabras, tengo claro que elegiría “acción y efecto de maltratar y frustrar”, o sea, en dos palabras: “maltrato” y “frustración”.

Ah, por cierto, fantástico, entretenido y muy-muy bien escrito el libro En busca de lo imposible de Javier Pérez Campos con un excelente prólogo de Iker Jiménez. Anoche lo empecé y estoy a punto de terminarlo ya.

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5 comentarios

  1. It’s awesome to visit this site and reading the views of all friends regarding this paragraph, while I am also keen of getting knowledge.

  2. Cosaria Roja

    quien mucho abarca,
    poco aprieta…..

  3. Mateoli@yahoo,es

    Fuimos más de 20.000 . Se desbordó todo. Museo fijo ya!

  4. Fer

    Y eso que no fuiste el domingo… a las 16:30, según dos chicas que pululaban por allí, se supone que ya no podía entrar nadie de los que había en la cola, cuando el horario previsto (ampliado) era hasta las 22:00. Todo esto sin preaviso de ningún tipo sino todo lo contrario, puesto que el día anterior Iker Jiménez había avisado en su programa de radio de la ampliación del horario ante la gran acogida. Por supuesto que la gente siguió entrando, solo los que llegaron a partir de las 18:15 quedaron fueron, pero repito que aún quedaban casi 4 horas. Pues bien, a las 19:00 tuvo que acudir la policía nacional enmedio de la indignación general. Muchos gritos, altercados con la policía… una de las susodichas chicas de organización llamando gentuza a gente que con tanta paciencia e ilusión había guardado cola. Ha habido denuncias de varias personas que no han podido entrar ante la estafa y maltrato de la organización. En fín, espero que la próxima vez haya más seriedad y que Iker Jiménez dé las oportunas explicaciones, aunque no haya sido culpa suya lo sucedido.

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