diariodeunaguionista

Blog de Gilda Santana

¿(Inter)Qué pinto yo en esto?

“Antes de todo esto yo no tenía Facebook ni Blog ni Twitter” escribí aquí https://diariodeunaguionista.com/2012/02/18/ser-tendencia/ el 18 de febrero, en una entrada donde explicaba mi relación, nacida hacía poco más de un mes, con el mundo de los Blogs y las Redes Sociales, y el susto que me había llevado la madrugada que Twitter me comunicó que había sido “tendencia” y tuve que irme a la cama sin saber lo que significaba aquello. A pesar de que siempre he funcionado mejor en las distancias cortas, en aquel post reconocía la amplitud del camino que se abría ante mí gracias a la entrada a ese universo de la comunicación que hasta entonces me había negado a probar. No sabía lo que estaba por venir ni conté con la culpa. Unos meses más tarde terminaba la luna de miel: a Twitter entro generalmente a hurtadillas, mi página de FB la tengo casi abandonada y hoy hace justamente cinco meses y siete días que colgué la última entrada en mi Blog. Llevo esos mismos cinco meses y siete días preguntándome si no será mejor cerrar todo del todo y volver a mi vida anterior.

Y ahora me han invitado a participar en el evento InterQué http://interque.es/  que se celebrará en Casa Encendida el 23 de noviembre.

Y, lo que es peor: he dicho que sí.

Y luego me he preguntado por qué.

Mi relación con la comunicación a través de Internet tiene que ver con mi libro sobre Gran Hermano. Como la historia tiene su “aquello”, voy a contarla, a pesar de que muchos ya conocerán buena parte. El asunto empezó cuando salí de Zeppelin hace dos años y medio. Yo tenía casi terminado el libro para el que ellos, supuestamente, estaban buscando editor desde que se los anuncié, dos años atrás. Entonces me dijeron que no lo habían encontrado, pero que si lo conseguía yo, tendría todo su apoyo para publicarlo. Aunque no conocía a nadie en el mundo editorial, me propuse seguir adelante. Antes, me fui a Miami, al estreno de un espectáculo teatral escrito, producido y actuado por amigos de diferentes etapas de mi vida. Precisamente allí, en casa de mis amigos productores, conocí a Eugenio Tuya, que resultó ser cubano, editor, y mi vecino en Madrid. Así de chico es el mundo. Fue escuchar la palabra “editor” y saltar por encima de la acotación “de Anaya Multimedia” y preguntarle si sabría de alguien a quien pudiera interesarle mi libro. Una semana después de haberle presentado el proyecto, la publicación ya estaba aprobada. Yo, lo menos multimedia y digital del mundo, iba a publicar en Anaya Multimedia. Tras un larguísimo año de negociaciones para obtener los permisos de la productora y la cadena, cuando al fin pudo hacerse la prueba de imprenta, mi editor retomó una campaña que había iniciado desde nuestro primer encuentro: la importancia de la promoción a través de las redes sociales. Me negué. Argumenté que no quería en mi vida nada que no fuera el teléfono y el correo. Resistí como pude. Resultado: Autora, 0 / Editor, 4. Dos semanas antes de la salida del libro a la calle yo ya tenía un Blog, una página de Facebook, otro FB personal que los entrañables chicos de Palo Alto me habían creado sin mi permiso, y una cuenta de Twitter. Al que no quiere caldo, dos tazas, que dice el refrán. Cuatro, en mi caso.

De mis avatares en esos terrenos ya hablé en aquella entrada. Y de esos polvos vinieron estos lodos. La madrugada en la que fui “tendencia”, le puse un correo a mi editor preguntándole qué significaba. Él, me imagino que después de reírse a gusto, le renvió mi correo a Antonio Cambronero, quien me explicó con paciencia el tema. Durante meses, Antonio y yo nos seguimos en Twitter y nos mandamos algún mail. Muy virtual todo. Hasta que el 25 de septiembre pasado él presentó su libro Manual imprescindible de Twitter editado por ya os podéis imaginar quién. Yo, que llegué, cuando ya estaba empezando el acto y me había sentado en la última fila, me vi de pronto, a petición de mi (de nuestro) editor, contando la experiencia relatada en mi post. Un mes más tarde, Chiara Cabrera, de InterQué, a quien había conocido allí, me contactaba para invitarme al evento. Dije que sí. Y luego me quedé preguntándome por qué. Por qué las dos cosas: por qué me invitó y por qué acepté. Es como que alguien te pida (y tú aceptes) hablar de las ventajas del matrimonio cuando estás a punto de divorciarte.

Lo único que se me ocurre, para intentar entender las causas del fracaso, es analizar la época en que este matrimonio múltiple me hacía feliz.

Al principio todo fue muy bien. Gracias al FB personal empecé a encontrar gente que se cruzó conmigo en otros tiempos, otras ciudades, otros países, y fui encontrada por otros a los que ni siquiera busqué. El Blog, la página y el Twitter, me posibilitaban el contacto directo con lectores y fans del programa. Y todos tan felices. Hasta que el asunto se me empezó a ir de las manos. Primero fueron aquellos números de dos cifras que cada mañana aparecían sobre el ícono de los dos muñequitos de FB. Yo no quería mezclar las cosas, pero tampoco quería desairar a nadie, así que me tocó explicar varias veces en el muro que el FB personal lo mantendría para la gente a la que conocía de antes y que con los demás dialogaría a través de la página. Como seguían apareciendo solicitudes de amistad, me dediqué a explicárselo a cada uno en un mensaje privado. No quería hacer lo que no quería hacer. Pero eso no menguaba para nada la culpa que sentía por no decir a todos que sí ni el agobio de invertir tiempo en justificarme una y otra vez. Mientras, en la televisión avanzaba el programa, que había empezado el mismo día que salió el libro, y las polémicas crecían, y la gente quería saber, opinar, insultar, reclamar o simplemente demostrar que tenía razón. Es cierto que Gran Hermano tiene su propia web, su FB y su cuenta de Twitter oficial, pero como ninguna da respuestas, yo me había convertido, sin quererlo, en la única cara visible a quien podían relacionar con el programa. Y a mí me preguntaban, me reclamaban, me daban quejas. No servía que dijera que ya no trabajaba allí. Mi página y, sobre todo, mi Twitter, ardían todo el tiempo. Y yo seguía intentando contestar y complacer a cada uno. Tras un incidente en la casa de GH que me hizo recordar un episodio personal de malos tratos, escribí para el Blog una entrada que titulé Decisiones y que Mercedes enlazó también desde el suyo. La avalancha de visitas y comentarios me sobrepasó. Prácticamente cada uno hubiera merecido una respuesta de dos o tres párrafos, porque era un tema muy sensible y tocó a mucha gente con la que me hubiera gustado hablar calmada y profundamente del asunto. Los leí todos, eso sí, porque los tengo en modo “en espera de moderación”, pero como no tenía tiempo y tampoco quería despacharlos en dos líneas por quedar bien, los dejé para luego cuando pudiera contestar como se merecían. Un par de días más tarde Mercedes dio mi Twitter en la gala. Yo, que estaba en aquel momento contestando menciones, vi temblar la pantalla, perdí de vista los twetts que iba leyendo y no volví a saber del que estaba escribiendo. Por un momento tuve la impresión de estar metida en un TL ajeno. Cinco minutos después aquello se estabilizó. Entonces supe que mis seguidores habían pasado, en ese escaso tiempo, de 3,500 a más de 7,000. Hoy pasan de 11,000 en el Twitter, se acercan a 2,000 en la página, y en el blog, ahora mismo, mi contador de visitas marca 79,365. Dividido entre las 19 entradas da un promedio de 4,177 visitas por entrada. Supongo que no está nada mal. Como tampoco lo estuvo que Decisiones se mantuviera, durante cuatro días, entre los post más vistos de WordPress.  Pero a pesar de eso yo solo conseguía seguir sintiéndome agobiada y culpable por no poder atender y contestar a todos.

Lo de la culpa es un antiguo asunto que hago público con la esperanza de exorcizarlo. Cada vez que no he podido cumplir con las obligaciones que yo misma me impongo y a veces hasta me invento, la culpa me carcome el alma. Y así me siento desde que entré a este mundo. Los únicos monólogos que me gustan son los de los personajes de ficción, así que no podía entender las relaciones en las RS más que como diálogo. Mientras tuve un número razonable de seguidores y bastante tiempo disponible, lo conseguí. Pero cuando te sigue tanta gente porque has formado parte de un programa en el que a muchos parece irles la vida, las cosas cambian. Durante meses contesté cientos de veces las mismas preguntas; me llevé desplantes, broncas y hasta amenazas que no me incumbían; respondí a cada mención (solo eludí los mensajes que contenían insultos hacia el programa, los concursantes o la presentadora); abrí cada link que me enviaban, miré todos los videos, visité todas las páginas y leí todos los blogs que me pidieron que leyera. Me he dejado horas navegando entre temas tan ajenos a mí como la bisutería o los caramelos. Conocí gente interesante, inteligente y divertida (a algunos les he conocido personalmente después y han seguido pareciéndomelo). Intenté ser amable con todos. Vencí la tentación de soltarle un desplante a esos que se ponen en plan Sheldon Cooper llamando a una puerta y te agobian poniéndote “Sígueme, sígueme, sígueme” o  “RT, RT, RT”. Durante meses, cada minuto que tuve libre (y hasta muchos que le quité al sueño, a la lectura o a la vida), lo dediqué a complacer a todo el que me lo pidiera. Sin embargo, por más que me aplicara, siempre estaba en deuda con alguien, siempre había alguno reclamando una respuesta. Por cada mensaje que ponía respondiendo una mención, me aparecían un montón de menciones más. El tiempo se me escapaba intentando que nadie se sintiera menospreciado, pero aun así no daba abasto. Y del blog ya ni hablar, porque si los mensajes de Twitter y FB podía contestarlos en segundos, escribir una entrada requería unas horas de tranquilidad que no encontraba nunca. A los pocos meses de entrar al mundo de los Blogs y las Redes Sociales, ya no podía con la culpa y el agobio. Sabía que algo había hecho mal, pero como no sabía qué, decidí que lo más razonable era cerrarlo todo o, simplemente, huir.

Entonces llegó Antonio con su libro que me leí en una semana. Aunque no consiguió liberarme del todo de la culpa, su teoría de que en este mundo las relaciones no tienen por qué ser simétricas, me tranquilizó bastante. Cuando empezaba a procesar que mi única culpa, mi mayor error, fue no saber que no se puede complacer a todos durante todo el tiempo, y que a lo mejor valía la pena darme una segunda oportunidad, apareció Chiara a invitarme a InterQué. Como siempre me pasa, primero dije que sí y después leí el material que me mandó. Entonces me entró el pánico y le dije que ver las biografías de los participantes me hacía pensar que yo no pintaba nada allí. Su respuesta, en la que me reiteraba que me quería en el evento y en la que me llamaba “Analfabeta digital”, fue decisiva. Ahí estaba la clave: yo, una “analfabeta digital”,  estaba a punto de abandonar un mundo que tuve la osadía de abordar sin estar preparada. ¿Y si en lugar de darme por vencida intentaba aprender? Con suerte, InterQué será un buen sitio para empezar. Por lo pronto, ya tengo un folio lleno de apuntes sobre temas acerca de los que quiero escribir,  he decidido aceptar la invitación de Paco López Barrio para colaborar como invitada en el Blog http://guionistasvlc.wordpress.com/ y ya estoy de nuevo por aquí.

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7 comentarios

  1. Todos los detalles posibles me tomé la molestia de apuntarlo en grandes rasgos a la vieja usanza, libreta y bolígrafo. Claro que encender el ordenador a las 5 de la mañana un domingo para tomar notas de un sueño que te ha perturbado la noche, no es plan. Solo faltaba eso madrugar un domingo.
    Bueno pues estaba dudando mucho si llegar a escribir esto en tu blog como te dije en twitter pero como me has respondido que estabas interesada en conocer el sueño me arriesgaré e intentare recopilar lo que mi mente recuerda y las notas tomadas a tan temprana hora….. te advierto que es todo muy friki, ademas de un sueño de lo mas absurdo que no tiene ni pies ni cabeza.

    “”De estar en el pueblo haciendo no recuerdo que exactamente, solo que tenia barro en las botas me veo en la capital, en pleno centro de Valencia…no me gusta estar en la ciudad con ropa de faena, oliendo a sudor y con barro así que me escondía avergonzado buscando trasporte para regresar….mucho rato del sueño esquivando gente bien vestida y yo hecho un arapiento.
    Opté por meterme en lo que parecia unos grandes almacenes para comprar ropa y cambiarme, si recuerdo sin necesidad de las notas que apunté que toda la fachada del edificio estaba como en obras, llena de andamios, muy sin alicatar, ni cemento en las paredes, como si estuviera todo quemado….ya dentro veo un cartel grande que pone TELECINCO dentro del edificio y me quedo extrañado, yo no quería por nada del mundo meterme en las instalaciones de telecinco joder….yo solo quería comprarme ropa y cambiarme en los baños o donde sea que estaba muy gorrino. Desde aquí ya el sueño empezó a ser un poco pesadilla…..buscando la salida del edificio, cámaras que aparecían por las esquinas, los de seguridad buscándome….me metí en el ascensor para bajar hasta el sótano y salir pitando y…..me vino lo peor, antes de cerrarse las puertas del ascensor entras tú querida Gilda y la duquesita, ya sabes MM….ya es que me quería morir (si se puede pasar vergüenza dentro de un sueño, yo lo experimenté). Los tres en ese espacio tan cerrado yo angustiado detrás y vosotras dos delante mía dándome la espalda. Oye que en el sueño tanto tu como la duquesita tenéis un bonito trasero y a mi lado sois muy pequeñas me llegabais por el pecho.
    MM te dice -que mal huele aquí!!, como si hubiera entrado en el ascensor un rebaño de ovejas. Y se saca del bolso un spray de perfume y rocía todo para eliminar el olor y de paso asfixiarme ya que no me gusta el olor a pachuli (espero que no use algo así, te ahoga).
    El ascensor se para y se queda entre dos plantas plantas y entráis en cólera, gritáis, os enfadáis, tocáis el timbre y me pedís que salga por el techo y pida ayuda…..no lo hago gracias a que los de mantenimiento asoman la cabeza por una trampilla que estaba en el lateral del ascensor y dicen que en un rato desmontan las puertas y podemos salir ( verdad que no hay trampillas laterales en los ascensores??).
    No se como pero yo tenia una bolsa enorme de papel cartón con chorizos, morcillas, panceta, pan de pueblo…(aguacate no, ya ves) me preguntaste por mi nombre y te dije otro que no me acuerdo ahora y no lo anoté, no quería que me conocieras en esas condiciones, todo sucio, oliendo mal…pero si querías almorzar así que empecemos los tres a comernos todo….en la bolsa había hasta leche de vaca recién ordeñada en una botella de cristal…. que la duquesita se bebió casi entera (anda que no traga MM)
    Luego recuerdo que consiguieron abrir las puertas y habia hormbres de uniforme armados hasta los dientes que gritaban – el figitivo está dentro del ascensor, preparen las armas!!….y ahi con vuestra mirada sobre mi con cara de asombro, tu frunciendo el ceño y MM con churretones de leche por todo su cuello….”””me desperté!!.

    No parece gran cosa pero vivirlo, la angustia y despertarte alterado si que hace que tenga importancia como anécdota. Y lo “casi” real de todo. Te queda la sensación durante muchas horas del día que toda la experiencia del sueño la has vivido en otra vida, otra etapa de tu vida o simplemente que queda por suceder.

  2. Mientras leía tu odisea cibernética con los blogs, twitter, menciones, reclamos, peticiones…..oye que me ha producido estrés!!…creo que aterrizaste en el mundo de twitter con mucha potencia y en una pista corta que casi te deja fuera de las balizas.
    Yo he tenido suerte, he sido de los afortunados que siempre he recibido una respuesta tuya y hasta me he sentido abrazado y complacido y eso, es de agradecer.
    Yo me hice twitter por varios motivos, principalmente por estar mas “cerca” de una estupenda actriz, Beatriz Rico y con el paso del tiempo he llegado a tener amigos/as muy majos y sobre todo lo inesperado….conocerte y saber de ti.
    Supongo que como me ha sucedido a mi habrás calado en mucha gente y se ha creado un cariño en la distancia y tanto los adictos a GH como los que no lo son ya forman parte de la calidez de tu corazón y en parte necesitas ese cariño en la distancia….al igual que todos te necesitamos.

    Las redes sociales donde se incluye twitter quitan tiempo, eso lo se, pero se puede dosificar y hacer que nunca llegue a agobiarte. Creo que el truco está en no tomarse todo muy en serio ( te lo digo yo que estoy de cachondeo en el 90% del tiempo que uso twitter) y administrar el tiempo de descanso (dormir) que es sagrado. Lo demás ya si eso se soluciona sobre la marcha.

    Y para terminar (me conozco y puedo hacer un ladrillo infumable sin darme cuenta) y como siempre dejar mi huella en tu blog decirte que espero nunca cierres tu cuenta de twitter y así pueda pedirte que me des besos y saludos, por lo menos hasta que visites Valencia presentando tu libro y firmando mi ejemplar de la primera edición (como nunca va a pasar te queda años tuiteando).

    Y con esto y un hermoso aguacate completo mi comentario.

    Besos.

  3. Qué bien poder volver a leerte Gilda, y qué bien que al final no hayas decidido cerrar todas estas formas digitales de contactar contigo.
    Aunque tal y como lo has relatado era perfectamente comprensible que quisieras mandarlo todo al carajo.
    Welcome back!!!

  4. nene

    Ahora tienes que leerte el comic que triunfa Trágate ese sapo! Hay muchas claves ahí sobre el tiempo y las prioridades.
    Permíteme también que anuncie que de tu libro Diario de una guionista se han vendido 13.000 ejemplares. No lo he podido contener.

  5. No sabes como te entiendo, a diferente escala, ni mucho menos con tus cifras de seguidores, comentarios, etc.

    No puedo despistarme y cada mañana tengo que revisar mi correo, borrar, contestar, etc. Y luego también publicar por qué lo que a mi me gusta es para mostrarlo (no es el blog este que tengo enlazado, es otro).

    He sentido eso mismo que tu, la sensación de no complacer a todo el mundo. Mucha gente si no visitas su página se sienten ofendidos. Pero como lo que hago me gusta tanto y es hacia dónde quiero ir pues he decidido pasar por encima de eso. Llego hasta dónde llego y he aprendido a priorizar y no me dejo presionar por muchas empresas y gente que me apremian a ir rápido.

    Pero reconozco que ha habido momentos y en algunos proyectos que las cosas se van de las manos y tienes que parar para respirar. Supongo que lo de GH no ayudó ya que tu intentaste dar respuesta a lo que la cadena quizás no daba…

    Pero no todo el mundo te sigue por qué sí, si no que también hay gente que de verdad les gusta lo que haces.

    Un abrazo.

  6. No puedo ni mucho menos dar consejos porque la situación no es ni de lejos la misma, pero mi experiencia como blogger después de 6 años me enseñó una regla: no todo el mundo espera que le contestes y sólo contestaré a aquellos a los que tenga la necesidad de responder. A todos nos encanta que nos repondan, pero si no lo hacen, tampoco pasa nada.
    Si te das cuenta, esto de internet es como todo, lleno de momentos intensos que hay que disfrutar, nunca tenerles miedo, como ves la situación se ha calmado bastante, esto es así, como una montaña rusa.
    Un saludo y no me respondas por favor 😛

  7. Txumai

    Jajajaaaa, sabia que te ibas a meter en estas aguas, era un buen momento para hacer cosas nuevas, después todo esto era dejarte llevar por la corriente de estas aguas que te reconfortaron personalmente. Es lo que creo.

    Un abrazo

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